viernes, 16 de agosto de 2019



La niña y el muñeco

     En el terrado, al lado de la vivienda de mis padres, tenía su taller una pintora que vivía en uno de los pisos de la casa.
     La morenita solitaria, de trenzas y ojos oscuros la interesó. Aún recuerdo el olor característico de las pinturas y productos que usaba. Para las largas horas de pose en su estudio, me había instalado sentada en una mesa cubierta de terciopelo  de un rojo profundo. Tenía en brazos a mi muñeco Paquito, inclinado el rostro hacia sus ojos de celuloide azules. En mi recuerdo, creo que llevaba lazos en las trenzas y zapatos de charol.
     Un día, la pintora cuyo nombre no recuerdo, hizo una exposición de sus obras. Mi retrato desapareció, para reaparecer misteriosamente días después.
     Nunca supe lo que había sido de aquel cuadro.

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