viernes, 16 de agosto de 2019



Portales

     El portal de la casa era de   hierro forjado y se abría a la entrada de mármol blanco.
     Cuando mi abuela sacaba una silla a la acera para encontrar un poco de aire las tardes de calor, yo me sentaba an el portal; abrazaba mis rodillas y me distraía mirando a la gente pasar, o entrar y salir del dancing Metropolitano. Me imaginaba toda clase de historias para todo el que pasaba delante de mí.
     En el portal de al lado vivía mi prima Maruja. Allí sentadas con mi tía, mi madre y mi abuela, comíamos la coca de San Juan mirando la hoguera encendida en el cruce, delante de la Casa China.
     Y un día de 1957, mi prima, mi tía y mi abuela, de pie en el portal, nos acompañaron con la mirada cuando mi madre y yo nos íbamos a la estación de Francia, a reunirnos con mi padre que nos esperaba en Hendaye.

 

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